Es una de
las finales más inesperadas y extrañas que se recuerden. Pero usted se
preguntará: “¿Pero cómo, si llegaron el Real Madrid y el Atlético?”. Es que en
cuanto a actualidades, si bien se ven parecidos en resultados, distan en
rendimiento, incluso el uno del otro.
LA SORPRESA, O NO TANTO. Claro, el Atlético de Madrid, de
Diego Simeone no lucía chapa de candidato anticipado. Más luego de saber que
debía enfrentarse al Campeón vigente, Barcelona, en cuartos de final; y luego
al Bayern Munich de Pep Guardiola en semis.
Sin embargo,
los equipos de Simeone tienen una marca en el orillo: la del sacrificio, la de
la entrega sin concesiones, la de la táctica ordenada. La de no regalar un centímetro
y disputar, principalmente en campo propio, cada balón como si fuese el último.
Y al Atlético le alcanzó. Contó con la complicidad de un bajón inoportuno del
Barcelona de Luis Enrique, y con un Bayern Munich que no pudo concretar,
principalmente en Alemania, más ocasiones a pesar de disponer una treintena de
disparos al arco.
Este
Atlético de Madrid tan sólido, con un golero casi desconocido como Oblak, que
sin embargo es uno de los menos batidos en toda Europa. Con Godín y Filipe Luis,
dos murallas impasables; con un
mediocampo donde destaca la ductilidad de Saúl (autor de un golazo antológico
en el partido de ida de semis), la entrega de Augusto Fernández y el
desdoblamiento de Gaby y Koke. Y arriba, la estrella de Antoine Griezmann que
se lleva todos los flashes, aunque en los momentos decisivos también ha
colaborado el eterno “Niño” Torres. Todos estos nombres están en cierta manera,
eclipsados, por la personalidad extrovertida y arrolladora de Simeone, que los
impulsa a la hazaña constante, a lograr lo imposible en cada partido.
EL REAL MÁS
DESLUCIDO, PERO TAMBIÉN MÁS GANADOR.
De qué sirve que yo diga que el juego del
Madrid ha sido pobre en casi todas las instancias de la competición. De qué
sirve que remarque que ha avanzado en cada etapa superando a rivales de menos
valía (Malmo, Shaktar, Roma en octavos, Wolfsburgo en cuartos y el insípido y
tibio Manchester City en Semifinales). Seguramente, ha sido el camino menos
espinoso de todos los competidores de la actual Champions, pero el Real se ríe
de todos.
El Madrid
cuenta con grandes jugadores, vaya novedad. Desde el sorprendente Keylor Navas,
gran responsable de la solidez de la portería, pasando por la importancia de
Sergio Ramos, Marcelo y Pepe en la defensa, y un mediocampo de lujo con Tony
Kross, el croata Modric y Casemiro (James es ¡suplente!), hasta el tridente de
ataque con Bale, Benzema y Cristiano. Una escuadra envidia de cualquier equipo
de la tierra, pero que sin embargo pareciera que nunca termina de despegar, bajo
la batuta de Zinedine Zidane, que ha intentado adosarle orden y atrevimiento,
aunque muy pocas veces lo ha logrado.
¿MERENGUE O
COLCHONERO?
La pregunta
del millón está instalada. ¿Quién podrá asumir el rol de protagonista y dejar
grabado a fuego su nombre en la “Orejona”?
¿Logrará el
Atlético del Cholo Simeone su primera Champions para delirio de media ciudad
que aún está con la espina clavada del 2014?
¿O podrá Real
Madrid aprovechar esta oportunidad histórica y ponerse la medalla de “La
undécima”, en un año donde todo era oscuro y casi sin esperanzas?
Sólo
deberemos esperar al sábado 28 de mayo a las 15.45 hora argentina, para ver qué
nos depara este hermoso deporte, cuando eche a rodar el balón en el mítico
Giuseppe Meazza. Tic, tac, tic, tac..
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