Se lo hubiera merecido, aquel purrete de un puñado de años,
que apilaba chicos más grandes que él en Rosario.
Se lo merecía aquel jovencito que se fue sólo a España, sí,
el mismo que se aplicaba esas inyecciones solito, en la soledad del anonimato,
porque no podía crecer.
Se lo merecía aquel adolescente que irrumpió en la primera
de Barcelona, para maravillar al mundo e impactar en su primera Champions vs Juventus,
cuando Fabio Capello confesó: “No vi nada igual a Messi. Cuídenlo, porque
tienen a un jugador que va a ser diferente a todos”
También se lo merecía aquel que, tentado por sumarse al
Seleccionado Español, se escapó para poder jugar un amistoso con Argentina y
quedar abrochado de por vida a nuestra Selección.
También lo merecía aquel que se cansó de ganar Ligas, Copa
de Campeones y Balones de Oro (5 hasta el momento, aunque deberían venir más).
El mismo que perdió la Copa América contra Brasil, no pudiendo hacer nada ante
la superioridad de Adriano y Cia.
Lo merecía también el que perdió con Alemania en el
suplementario del Mundial Brasil 2014, cuando todos pensaban en su
consagración. El mismo que integró la selección que cayó por penales en la Copa
América de Chile del año pasado.
En todas las competencias fue el mejor jugador del torneo,
pero a nivel grupal no lo pudo coronar.
Atrás en el tiempo habían quedado el título en el Mundial juvenil de la mano de
Sergio Agüero y el Campeonato Olímpico, de la mano de Bielsa, Heinze y Di
Maria.
La gente le pide que gane un título en la mayor. “La gente”.
Pero saben ¿qué? Yo no necesito que gane un campeonato o título mundial para
disfrutar del fútbol de Messi. Yo lo saboreo cada partido, y él no necesita
convertir para ser el mejor.
Porque nadie ofrece lo que él puede regalar en un campo de
juego. Y nadie es capaz de emocionarnos con una jugada, con un toque exquisito,
con un gol imposible. Con el paso de los años esto se ha ido acentuando y la
idolatría que los chicos de todo el mundo sienten por él no se compra a través
del marketing. Cuántos buenos jugadores son llevados a la cúspide por los
medios, por la inyección publicitaria que los infla en forma descomunal. Me
vienen a la mente dos claros ejemplos: David Beckham y Cristiano Ronaldo. Nadie
duda de lo bueno jugadores que fueron y son, en el caso del portugués. Pero a
la hora de comparar, resulta sideral la diferencia entre un muy buen jugador, y
otro que está destinado a quedar como uno de los más grandes de la historia de
este deporte.
El fútbol te debe este reconocimiento, pero para mi, no hace
falta. Hace rato que para quien suscribe, y para muchos, sos el mejor del
planeta, ganes o pierdas. Ahora que cumpliste 29 y que los años que quedan de
tu carrera son menos de los que ya pasaron, es ineludible pensar en quién podría
hacernos amar este deporte más que vos, el dueño de la galera más grande del
planeta.
Gracias por tantos minutos de disfrute, de placer
futbolístico. El balón de diamante será tuyo, por tantos goles, tantas
gambetas, y tantos pases a la red del corazón de cada espectador o televidente
que te siguió todos estos años.
No te hace falta esta Copa, Leo. Para nosotros sos y serás el más
grande de todos los tiempos.